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Una visita a una bodega empieza mucho antes de servir la primera copa

El enoturismo ha cambiado mucho en los últimos años. Visitar una bodega ya no consiste únicamente en recorrer las instalaciones, conocer cómo se elabora el vino y terminar con una degustación. Las bodegas ofrecen catas temáticas, visitas premium, experiencias gastronómicas, actividades entre viñedos, eventos privados o propuestas especiales vinculadas a momentos concretos del año.

La experiencia se ha enriquecido, pero también lo ha hecho su gestión.

Antes de que el visitante pruebe el primer vino ya ha tenido que encontrar la actividad, elegir día y hora, comprobar si quedan plazas, reservar, pagar y recibir la información necesaria para llegar. Después, alguien en la bodega tendrá que saber quién viene, cuántas personas forman el grupo, qué experiencia han contratado y si todo está correctamente pagado.

Cuando hay una visita al día, casi cualquier sistema funciona. Cuando empiezan a convivir diferentes horarios, tipos de visita, idiomas, grupos y actividades especiales, la situación cambia bastante.

Y ahí es donde merece la pena hacerse una pregunta: ¿está creciendo la gestión al mismo ritmo que la experiencia que ofrecemos al visitante?

Reservar una visita debería ser tan fácil como reservar una mesa

Todavía es posible encontrar bodegas donde para reservar una visita hay que enviar un correo

electrónico o llamar por teléfono. No es necesariamente un mal sistema y puede funcionar perfectamente para determinados volúmenes, pero introduce algo que el visitante actual cada vez tolera peor: tener que esperar para saber si puede comprar.

Una persona que está organizando un fin de semana en una zona vitivinícola puede estar tomando esa decisión a las once de la noche. Probablemente esté comparando varias bodegas, restaurantes y alojamientos y quiera dejar buena parte del viaje cerrado en ese momento.

Poder consultar las experiencias disponibles, elegir fecha y horario y realizar la reserva directamente elimina varios pasos tanto para el visitante como para la propia bodega.

No se trata simplemente de “poner reservas online”. Se trata de que la disponibilidad que ve el visitante sea la misma información con la que trabaja después el equipo que recibe al grupo.

Eso evita correos cruzados, llamadas para confirmar plazas y hojas donde alguien tiene que ir apuntando manualmente las reservas que van llegando.

No todas las visitas tienen que ser iguales

Una de las ventajas del enoturismo es precisamente la posibilidad de construir experiencias diferentes alrededor de un mismo espacio.

Una bodega puede ofrecer la visita tradicional durante toda la semana y, al mismo tiempo, organizar una cata especial el sábado, una actividad entre viñedos durante la vendimia o una experiencia gastronómica en determinadas fechas.

Cada propuesta puede tener su propio precio, duración, número de plazas y horarios.

Aquí la tecnología resulta especialmente útil porque permite que esa complejidad exista hacia dentro sin trasladársela al visitante. Quien reserva solo necesita entender qué puede hacer, cuándo puede hacerlo y cuánto cuesta.

La gestión interna es la que debe encargarse de ordenar el resto.

Es una lógica muy parecida a la que hemos comentado en otras ocasiones al hablar de gestión integral de actividades y eventos: cuando reservas, pagos y participantes forman parte del mismo proceso, resulta mucho más sencillo evitar que la información termine repartida entre distintas herramientas.

De la reserva al acceso, sin volver a empezar

Una vez realizada la reserva, el visitante puede recibir automáticamente su confirmación y, cuando sea necesario, un código QR asociado a ella.

No todas las bodegas necesitan controlar el acceso de la misma manera. Una visita para doce personas probablemente no requiere ningún dispositivo especial. En cambio, una jornada de puertas abiertas, una fiesta de la vendimia o un evento con varios cientos de asistentes plantea necesidades completamente diferentes.

La misma plataforma puede adaptarse a ambas situaciones.

En una visita ordinaria puede bastar con consultar la reserva o validar el QR desde un teléfono. En actividades con mayor afluencia se pueden incorporar lectores específicos y, cuando las instalaciones lo requieran, integraciones con sistemas físicos de acceso.

Lo importante no es llenar la bodega de tecnología. Es utilizar únicamente la que tenga sentido en cada caso.

En nuestro artículo sobre control de accesos mediante códigos QR explicamos con más detalle cómo este tipo de validación permite organizar entradas y evitar duplicidades sin convertir el acceso en un proceso complicado para el visitante.

El pago también forma parte de la experiencia

Si una persona puede reservar una cata desde el móvil pero después tiene que esperar instrucciones para realizar una transferencia, hemos digitalizado solo una parte del proceso.

La posibilidad de integrar la reserva con el TPV virtual de la propia entidad permite que el visitante elija la actividad, realice el pago y reciba su confirmación dentro del mismo recorrido.

Para la bodega hay una ventaja menos visible pero probablemente más importante: reserva y pago quedan relacionados.

No hace falta comprobar posteriormente si la transferencia correspondiente a “M. García visita sábado” pertenece realmente a María García, a Manuel García o a una reserva realizada por otra persona.

Son pequeños trabajos administrativos que apenas llaman la atención cuando se producen uno a uno, pero que terminan consumiendo bastante tiempo cuando aumenta el número de visitantes.

¿Y si ese fin de semana ocurre algo especial?

Aquí es donde una plataforma flexible empieza a tener bastante más sentido que una simple agenda de reservas.

Pensemos en una bodega que normalmente recibe grupos reducidos, pero que durante la vendimia organiza una jornada especial. O que prepara un evento coincidiendo con una fiesta local, una feria, una actividad astronómica o cualquier acontecimiento capaz de atraer a muchas más personas de lo habitual.

Ese día puede ser necesario vender entradas, limitar plazas, establecer diferentes turnos o zonas y controlar cuántas personas han accedido realmente.

La herramienta que durante el resto del año gestiona visitas puede utilizarse también para organizar esa actividad extraordinaria sin tener que empezar desde cero con otro proveedor y otra base de datos.

Ya hemos trabajado con esta filosofía en proyectos de mucha mayor dimensión. En el caso del Eclipse Total de Aragón, la plataforma desarrollada permitió integrar reservas, venta de entradas, generación y validación de códigos QR, control de aforo y gestión de diferentes espacios desde un mismo entorno.

La escala es distinta, pero el principio es el mismo: adaptar las herramientas a lo que necesita cada experiencia.

Saber que una visita está completa antes de que alguien tenga que decirlo

Hay otro problema bastante cotidiano que suele aparecer cuando las reservas se reciben por diferentes canales.

Una persona reserva por teléfono. Otra escribe un correo. Una agencia solicita diez plazas. Alguien del equipo apunta una visita directamente y mientras tanto siguen llegando solicitudes desde la web.

Hasta que alguien suma todas las reservas y descubre que el grupo está completo.

Cuando todas las plazas se gestionan desde el mismo entorno, la disponibilidad puede actualizarse conforme se realizan las reservas. Esto permite cerrar un turno cuando alcanza su capacidad o evitar que se sigan ofreciendo plazas que realmente ya no existen.

No hace falta hablar de grandes aforos para que esto resulte útil. Precisamente en una cata limitada a 15 o 20 personas, vender tres plazas de más puede afectar bastante más a la experiencia que en un evento multitudinario.

La relación con el visitante tampoco tiene por qué terminar cuando se marcha

Una reserva genera información útil para gestionar la propia actividad: qué experiencia ha elegido el visitante, cuándo viene, cuántas personas forman el grupo o qué importe ha abonado.

Utilizada correctamente y respetando las obligaciones aplicables en materia de protección de datos y comunicaciones comerciales, esa información también puede ayudar a entender mejor cómo funcionan las experiencias ofrecidas.

¿Qué horarios se llenan antes? ¿Qué visitas generan más interés? ¿Qué actividades especiales funcionan mejor? ¿Cuántas reservas se realizan con semanas de antelación y cuántas a última hora?

No hace falta convertir una bodega en una empresa obsesionada con los datos. Pero existe una diferencia considerable entre terminar la temporada diciendo “hemos tenido bastante gente” y disponer de información que permita decidir qué experiencias mantener, ampliar o replantear al año siguiente.

Una tienda y una visita no tienen por qué vivir en mundos separados

Además, la relación comercial con el visitante no empieza ni termina necesariamente en la entrada.

Una persona que reserva una experiencia ya está mostrando interés por la bodega y sus productos. Por eso tiene sentido plantearse hasta qué punto reserva, experiencia y compra pueden formar parte de un recorrido más conectado.

Dependiendo del proyecto, la plataforma puede incorporar comercio electrónico para determinados productos o servicios relacionados con la experiencia. Esto permite que la bodega no tenga que tratar cada necesidad como un proyecto tecnológico completamente independiente.

No significa que todas las bodegas necesiten una tienda online ni que todos los visitantes quieran comprar antes o después de una visita. Significa simplemente que, cuando esa necesidad existe, puede formar parte del mismo entorno digital.

La tecnología debería estar detrás, no delante

Probablemente este sea el punto más importante.

Nadie visita una bodega porque tenga un buen sistema de reservas.

La visita se recuerda por el lugar, por quien la explica, por lo que se aprende, por el paisaje y, evidentemente, por el vino.

La tecnología no debería competir con nada de eso.

Debería conseguir que todo lo que ocurre antes y alrededor de la experiencia resulte tan sencillo que apenas se note.

Que reservar sea fácil. Que pagar no genere dudas. Que al llegar sepan que te estaban esperando. Que no haya que buscar tu nombre en tres listados diferentes. Y que la persona que te recibe pueda dedicar su tiempo a explicarte por qué ese vino sabe como sabe, en lugar de comprobar si llegó una transferencia.

Ahí es donde realmente aporta valor.

Una visita empieza antes de llegar a la bodega

El enoturismo tiene algo que otros productos turísticos no siempre consiguen: convierte un producto en una experiencia y una marca en un lugar.

Pero esa experiencia empieza mucho antes de descorchar una botella. Empieza cuando alguien descubre la visita, consulta los horarios y decide reservar. Y continúa hasta que abandona la bodega.

A medida que crece la oferta enoturística, también tiene sentido cuidar todo aquello que ocurre alrededor de la propia visita.

No para sustituir la hospitalidad por tecnología, sino para conseguir que la tecnología deje más tiempo precisamente para la hospitalidad.

¿Gestionáis visitas, catas o eventos en una bodega?

En AppForoLimitado podemos adaptar la plataforma a diferentes necesidades de gestión: reservas, venta de entradas, integración con TPV, generación y validación de códigos QR, control de plazas y aforos o comercio electrónico, entre otras funcionalidades vinculadas a cada proyecto.

Si actualmente combináis web, teléfono, correo, hojas de cálculo y diferentes herramientas para gestionar las visitas, podemos estudiar cómo simplificar el proceso.

 

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